El veneno que escogemos
Vivimos sobre una delgada línea… Desde nuestra concepción, pareciera que todo va en nuestra contra, desarrollarnos por completo nos toma un aproximado de 21 años; y en este proceso nos empeñamos en maltratarnos. Desde los hábitos que adquirimos y nuestra actitud ante lo que será nuestra vida… Vivimos en extremos.
Muy estresados, muy relajados, muy desatados, muy disciplinados, muy felices, muy tristes, muy delgados, muy obesos… poco hablamos de los equilibrios, de que la vida tiene tonalidades grises y no solo es blanco o negro.

Es más fácil culpar a los demás que intentar tener conciencia. ¿y si nos invitamos todos los días a vivir? ¿y si nos invitamos a ser conscientes? ¿a ser responsables?
Todas las decisiones que tomemos con respecto a nuestros hábitos tendrán un impacto significativo en nuestra muerte, el ser conscientes de que podemos pasar una tarde jugando videojuegos, viendo series o leyendo está bien, pero es necesario complementarlo con activación física, mínimamente, para poder correr por nuestra vida si algún día hace falta. El ser conscientes de que podemos tomar una copa de vino, una chelita artesanal, un vaso grande de refresco o agua de sabor de vez en cuando pero también debemos de ser capaces de tomar 2 litros de agua pura al día. Ser conscientes de que podemos correr 20 maratones, pero que es igual de importante sanar lesiones, descansar y reponer fuerzas. Ser conscientes también de cuidar, no solo físicamente de nosotros, sino de nutrir y cuidar a la mente, el alma y el espíritu.

Nuestro yo del futuro lo agradecerá infinitamente; el cuerpo habla, pero si no lo escuchamos podríamos tener un final más inesperado y, dependiendo de las perspectivas, más doloroso o feo. Sea cual sea nuestro final, busquemos que nos trate bonito, para que el día que partamos podamos compartir la mesa por última vez con personas que amamos, podamos reír y disfrutar de una conversación amena, podamos comer por última vez nuestra comida favorita, podamos escuchar o leer una carta que alguien con mucho amor nos entregó, nos sintamos amados y acuerpados, tengamos poco dolor y pocas complicaciones.

Jaime Sabines nos regala el siguiente poema:
Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡Vive, vive, vive!
Era la muerte.
Y desde mi pensamiento hago una invitación a vivir lo mejor que podamos, sin excesos, sin extremos, en paz y sabiendo que está bien que la vida tenga tintes grises. Para que cuando llegue nuestra compañera de vida, conocida como Muerte, la recibamos con los brazos abiertos, tomemos su mano y le agradezcamos por acompañarnos incluso cuando el fin de nuestros días llegó. No la culpamos de nuestras decisiones, no le tengamos miedo, incluso cuando creamos que nuestra hora no ha llegado, ella nos susurra todos los días, depende de nosotros escucharla o no.






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