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Donde los recuerdos vuelven a casa

hace 9 horas
3 min de lectura

Jhoana Camacho Solís.


Figura 1. Panteón de Tila, Chiapas, México. [Fotografía propia]. Fecha: [01/11/2020].

 

Aunque estas líneas parten de lo que se vive en San Cristóbal de Las Casas durante esta temporada, la memoria y las tradiciones del Día de Muertos también están presentes en otros lugares de Chiapas. La fotografía del panteón de Tila, que acompaña este texto, representa una de esas formas de mantener vivo el recuerdo de quienes ya no están con nosotros.

 

Día de Muertos: las tradiciones que nos reúnen y las historias que permanecen en nosotros.

Octubre trae consigo un cambio muy particular en San Cristóbal, las lluvias constantes, las mañanas frías y la neblina que abraza las calles nos recuerdan poco a poco que se acerca una de las épocas más entrañables y esperadas del año y, en lo personal, una de mis favoritas. Desde estos días empieza a sentirse en el aire una emoción muy bonita, esa sensación de que noviembre está cerca y con él, el Día de Muertos, una temporada que cambia por completo el ritmo de nuestros días y que también nos invita a recordar.

Hablar de estas fechas en las escuelas suele llevarnos de inmediato a pensar en los elementos del altar, las calaveritas literarias, los concursos de catrinas o la casita de terror. Sin embargo, detrás de cada fotografía que colocamos en una ofrenda y de cada tradición que repetimos año con año, hay algo mucho más profundo, la oportunidad de recordar a quienes ya no están físicamente con nosotros y reconocer el lugar que siguen teniendo en nuestra historia y en nuestro corazón.

Figura 2. Diferentes Altares. [Fotografía propia]. Fecha: [01/11/2020].

 

 

Escuchar la voz del pasado en el presente

Vivimos en una época que avanza muy rápido. Entre las pantallas, las prisas y las actividades de todos los días, muchas veces dejamos poco espacio para detenernos y recordar. Por eso, estas fechas también pueden ser una oportunidad para pensar en todas aquellas personas que, de alguna manera, dejaron una huella en nuestra vida y cuyo recuerdo permanece con nosotros.

Muchas veces conocemos a esas personas a través de las historias que escuchamos en casa, anécdotas que se cuentan alrededor de una mesa, durante una comida familiar o en esas tardes de café mientras afuera llueve. Escuchamos hablar de quienes tenían una manera muy particular de ser, de quienes cuidaban a su familia, compartían sus conocimientos, enfrentaron momentos difíciles con fortaleza o simplemente dejaron pequeñas enseñanzas que todavía permanecen en nosotros.

Tal vez nadie desaparece del todo mientras alguien conserve algo suyo. Hay personas que siguen viviendo en una frase que repetimos, en una tradición que heredamos o en un recuerdo que vuelve justo cuando menos lo esperamos. Y quizá por eso, cada noviembre, recordar también se parece un poco a volver a casa.

Cuando preparamos un altar, colocamos una fotografía o compartimos un pan de muerto, no solamente estamos siguiendo una tradición. También estamos recordando de dónde venimos y reconociendo que muchas de las historias de nuestra familia forman parte de quienes somos hoy.

 

Altares distintos, una misma raíz: nuestra forma de celebrar

Una de las cosas que más me gustan de esta temporada es ver cómo se vive de maneras diferentes en cada familia y en cada comunidad. Basta con mirar a nuestro alrededor para encontrar altares distintos, llenos de colores, flores, fotografías y objetos que tienen un significado especial para quienes los preparan.


Pero esta temporada también trae consigo una emoción muy particular. ¿Quién no ha disfrutado de sentarse con los amigos o la familia a compartir historias de miedo, de espantos y leyendas locales? Son esos momentos en los que el miedo y la risa terminan mezclándose y que, con el paso del tiempo, también se convierten en recuerdos.


Fomentar y respetar nuestra cultura no significa ver el pasado como algo lejano o como algo que solamente encontramos en los libros de texto. Nuestra cultura sigue viva porque la compartimos, la sentimos y la transmitimos a otras personas. Enseñar a las nuevas generaciones a valorar estas tradiciones también significa ayudarlas a reconocer la importancia de la familia, la memoria y la comunidad.


Al final, recordar a quienes se adelantaron, admirar la creatividad de los altares y disfrutar nuestras leyendas también es una manera de hablar de la vida. Nos recuerda que el tiempo pasa, pero que las personas y las experiencias que han formado parte de nosotros pueden permanecer a través de la memoria.


Este octubre, entre lluvia y frío, ojalá podamos mirar más allá de la celebración escolar, y darnos un momento para preguntar en casa por los rostros que aparecen en las fotografías antiguas, escuchar las anécdotas de nuestros seres queridos, compartir una buena historia de terror y, sobre todo, seguir conservando esas pequeñas tradiciones que nos conectan con nuestra familia y con nuestra comunidad.

Figura 3. Recordar a quienes se adelantaron. [Fotografía propia]. Fecha: [01/11/2020].

 

 
 
 

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