Madame Bovary: ¿Una historia de amor propio o de egoísmo?

Publicada en 1856, Madame Bovary es una de las novelas más importantes y reconocidas del escritor Gustave Flaubert, nacido en Rouen, Francia, en 1821. Al ser difundida en una época poco tolerante y altamente restrictiva, fue condenada, en 1857, por cargos de “ultraje a la moral pública, religiosa y a las buenas costumbres". A pesar de ello, se convierte en uno de los libros más populares de la era por la contradicción social que evidencia, y por mostrar el empoderamiento femenino, la lujuria y la avaricia de los personajes, que resultan violentan las normas y valores de la buena sociedad.


Flaubert relata la vida de una mujer inconformista, encandilada por la opulencia económica; se niega a tener una existencia ordinaria y sencilla. Paralelamente, el autor describe, con la prosa sutil de los buenos escritores, un hecho que no deja de ser actual: el matrimonio. Narra la historia de una pareja que cae en lo rutinario y en las banalidades de lo cotidiano: “esa banalidad de los compromisos de amor”, como menciona Mauricio Arroyade.


El relato principia con la presentación de Carlos Bovary: un médico muy bien intencionado, pero poco audaz, quien contrae nupcias con una viuda adinerada, no del todo bella, que ha sido elegida por sus padres. En una de sus tantas visitas a enfermos, conoce a Emma Rouault, misma con la que se casaría después de la muerte de quien era su primera esposa.

Emma es una hermosa campesina que ha sido educada en un convento religioso, en el cual, un tanto al estilo de don Quijote de la Mancha —quien pierde la cordura por “pasar las noches leyendo de claro en claro” historias de caballeros andantes—, tiene la oportunidad de leer novelas amorosas con las cuales se maravilla y deslumbra al conocer a damas que viven una realidad que a ella misma le gustaría fuese la suya: llenas de lujo, adineradas y, por supuesto, con esa llama de las relaciones pasionales y carnales que desbordan amor y sentimentalismo.


Tras la muerte de su madre, Emma termina sus estudios en el convento y toma las riendas de la dirección y cuidado de la hacienda familiar, pero rápidamente se aburre de la vida de campo y se encuentra con que nada interesante tenía que hacer y sí mucho que soñar: se ensimismaba en recordar empedernidamente las novelas leídas en su juventud.


En Carlos, Emma encuentra esa oportunidad de salir del campo para tener una vida excéntrica, sin embargo, al poco tiempo, ya cuando se ha convertido en la señora Bovary, se da cuenta que su relación con el médico no se parece en nada a aquellas historias hermosas que ella conoció en tantas lecturas.


Emma deplora su situación, nunca comprende por qué: aunque tiene un marido que la adora, no se siente plena. Tiempo después, tiene una hija —llamada Berta—, pero la maternidad tampoco cambia su parecer. Realmente, Emma está ansiosa por nuevas emociones que cree que se pueden alcanzar con un amor apasionado y el éxito social que creía haber en las grandes ciudades.


A la larga, conoce a Rodolfo, un tipo atractivo y delicado que ve en ella una ocasión para tener un romance un tanto pasajero. Todo lo contrario a lo que se crea en Emma: un amor visceral y desbordante que la hace perder el recato (hasta ese momento cuidado). Se prometen amor eterno y planean fugarse para vivir, sin prejuicios, su romance incondicional. No del todo seguro de su sentir y temiendo un compromiso mayor, Rodolfo decepciona a Emma al faltar a la cita para escaparse. Ella, derrotada moralmente y ya un tanto resignada a su situación, permanece un tiempo tratando de ser una esposa con las características que imponía la sociedad de ese entonces: abnegada, sumisa y con el mando de los quehaceres del hogar.


El estado vulnerable en el que había caído y ese instinto pasional que la caracteriza, dieron paso a que comenzara un romance adúltero con León, un joven pasante de notario, culto y con quien tiene muchos intereses en común. La relación que mantienen no corre con mayor suerte que las anteriores, y la vida de Emma se va deteriorando tanto que le ocurren una serie de sucesos dramáticos que espero, amigo lector, te atrapen.


Flaubert, en su novela Madame Bovary, logra crear una historia realista y emotiva que no está lejos de ser actual. Esta historia refleja lo banal que puede llegar a ser el amor y las relaciones humanas; influenciadas por la codicia y las bajas pasiones. Por otro lado, representa el peso que recae sobre la honra y la moral de la mujer del siglo XIX y, lamentablemente, en muchos lugares del mundo sobre la mujer de hoy. A lo largo de la novela, la pluma mítica del francés nos pinta diversos pueblos y ciudades con tal precisión que no solo se logra conocer a los implicados en esta memorable trama, sino también realizar un viaje a la época narrativa.


Espero haber generado en ti, lector, la incertidumbre de conocer a fondo esta magistral obra y puedas generarte una opinión sobre Madame Bovary: ¿Una historia de amor propio o de egoísmo?



Referencias Bibliográficas:

Flaubert, G. (1856). Madame Bovary. Francia: La Revue de París.

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